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En las sendas antiguas está la verdad
Pr. Horacio Pastor

LA  CALIDAD  DE  LOS  DÍAS  ACTUALES.

Cada  época  histórica  se  ha  caracterizado  por  particulares  aspectos. La  actual,  que  no  puede ser  la  excepción,  tiene  como  señal  distintiva  la  ambigüedad  de  principios  y  la  carencia  de  valores absolutos.  Es  la  razón  por  la  que muchos  la  definen como “posmoderna”. Esto significa que todo lo que hasta  hace algunos  años  era  perfectamente definido, claramente  reconocido y diferenciado de lo demás;  todo lo que tenía un  perfil neto,  ha perdido esa condición con  la aprobación de gran parte de  la sociedad que se agrada en vivir sin los valores que la dignifiquen y casi huérfana de los principios que la fortalezcan. Algunos ejemplos bastarán para ilustrar lo que decimos, el  matrimonio, esa sólida institución que debía ser modelo de firmeza y matriz de altura moral tiene su alternativa  posmoderna  en  el  “vivir  en  pareja  cama afuera” y en el hecho que en medio de la crisis existente en la familia podamos ver con frecuencia como el padre o la madre divorciados, presentan a los hijos que tienen en común a sus respectivos novios sin el menor pudor. La posmodernidad también ha licuado las ideologías y en su  lugar pueden verse mezclas conceptuales y alianzas sorprendentes.

Muchas Iglesias Evangélicas han aceptado diversas variantes de estas obscenas ofertas posmodernas pero las han disfrazado de “restauración de vidas”, mientras que a semejanza de lo que sucede en la sociedad en cuanto a la desaparición de ideologías, las doctrinas neotestamentarias están siendo reemplazadas en muchos púlpitos de dos maneras: sea no teniendo en cuenta muchas de las enseñanzas apostólicas o pretendiendo adaptar a la Iglesia, de manera forzada, promesas correspondientes al Israel del Milenio.

En esta época posmoderna, es habitual escuchar a muchos famosos  opinar  descaradamente  casi sobre  cualquier tema  mientras  los  sabios  han sido obligados a callar pues se los ha confinado a  sus  laboratorios,  como alguna vez dijera  el Pastor Salvador  Dellutri. Sobre este aspecto muchas Iglesias no actúan distinto ya que con una llamativa superficialidad cualquiera que en ellas alcance notoriedad, sea por sus grabaciones musicales o por venir del mundo como artista destacado, estará en condiciones de transformarse de inmediato en “un importante artista cristiano” o en nuevo “un conferencista internacional” que relegará un paso más atrás a hombres de Dios que durante décadas no solo inquirieron y predicaron la Palabra del Señor con fidelidad sino que, sobre todo, la vivieron. 

La  verdad también tiene  su  alternativa en esta era posmoderna. Hoy  no  se  trata  de  la  verdad  o  la  mentira,  sino  “de  la  verdad  de  cada  cual”;  es  por eso que una  de  las  preguntas  mas curiosas por estos días es: ¿Cuál es su verdad?  La  hace el periodista  al  entrevistado,  el  juez  al  acusado  y  el sociólogo  al hombre de su tiempo.  Anticipándose a este tiempo Pilato, el mayor homicida de la historia tuvo la osadía de preguntar al Señor “¿Qué es la verdad?”, queriendo aparentar una profunda capacidad de reflexión  pero ignorando que la verdad no es una cosa, ni una posición, ni  siquiera  la interpretación  tendenciosa de hechos que al relatarse se presentan incompletos y convenientemente disfrazados, sino que la Verdad es una persona  y  su nombre es Cristo, quien es además “el Camino, la Verdad y la Vida ”. Y si La Verdad es aquel que también es “el Camino y la Vida”: ¿Por qué es tan difícil  aceptar que ser cristiano significa que “el Camino” debe  andarse y “la Vida” vivirse “en  la  Verdad”...?

Como detalle final se puede ver el abuso posmoderno que se hace de la palabra en que aún en los púlpitos algunos de los famosos “apóstoles” actuales utilizan expresiones soeces y hasta palabras groseras (“malas palabras” como decían nuestras madres)  para transmitir “sus propias verdades”. “No hay problema alguno”, dicen quienes los representan y defienden mientras simultáneamente hacen lucrativos negocios, “estos son hombres que deben ser medidos en otra dimensión”. ¿Será así…? La Palabra de Dios dice que no.

¿Por qué será que vemos a tantos cristianos pronunciando la Verdad con sus labios pero andando su camino y viviendo la vida sin sujetarse a ella...?

A la sencillez de la Verdad la vemos hoy transformada en muchos ámbitos evangélicos, de tal manera que inevitablemente tenemos  aceptar que  estamos  ante  una  nueva etapa del camino de Caínen  la continuación  del  propósito de lucrar con el error del Pueblo de Dios que iniciara Balaam y ante  la  inevitable certeza que habrá  muerte porque se reiterará la contradicción  de Coré según señalara Judas en su carta. Todo esto sucede  mientras  los posmodernos  nicolaítas  proponen acordar con el paganismo de la mano de los políticos de turno, de las diversiones mundanas o fusionándose en un ecumenismo escandaloso con quienes en realidad niegan la autoridad exclusiva de la Palabra de Dios aunque digan proclamarla, buscando tomar parte en sus actividades como excusa para darles lugar en las de la Iglesia del Señor. Simultáneamente en esos mismos ámbitos, falsas profetisas como Jezabel enseñan a adulterar al pueblo manipulando prácticas y doctrinas mientras  crece de forma sistemática y regular un gigantesco castillo en el aire llamado Iglesia de Laodicea, que se ve a sí misma como la exclusiva  poseedora  de la visión para su tiempo porque tiene en su mano la televisión, los estudios de grabación y buena parte de la comunicación escrita y radial evangélica. Esto le hace pensar que es  “grande”, “moderna”, “sociable”, “aceptada”,  “fuerte” y “rica” y que en consecuencia no necesita nada de nadie, aunque la Palabra de Dios denuncie  la corrupción, insensatez,  tibieza y ceguera que hay en su seno o el Señor esté a su puerta llamando en vano, al menos por el momento...   (Apocalipsis 3: 15 al 20)

¿De qué hablamos...? ¿De algo inexistente, lejano o irreal?  No. Hablamos de los  males de la Iglesia contemporánea, una iglesia en la que algunos mensajeros triunfalistas pretenden cambiar el Evangelio que el Señor Jesucristo trajera y los Apóstoles afirmaran y transmitieran,  por  un “Evangelio New  Age”  que  en  realidad  no  es  Evangelio,  sino  una  creación  híbrida,  propia de  políticos  religiosos que disfrazados  convenientemente de predicadores  se  adueñaron  de  algunos  púlpitos. Este  Evangelio New Age  es curiosamente funcional “a las  necesidades  de  los políticos profesionales que  forman  parte  del  sistema”.  Lo que decimos es  que como consecuencia de haber sido contagiados de posmodernismo, en  lugar de una Iglesia que unánimente viva y pronuncie la Verdad, en estos días una  parte de ella se ha degradado para transformarse en una  entidad negociadora, amiga de los injustos y cómplice de gente impresentable; en síntesis,  una  parte  de  la  iglesia  conocida  como  “evangélica”  se  ha  vendido  porque sus  dirigentes  se  vendieron  al  decidir  que  era  un  buen  negocio  predicar  un  falso evangelio porque es rentable. En realidad lo que estos falsos maestros predican es  un  “no  evangelio”  que  en  lugar  de  señalar  el  pecado del hombre para su salvación eterna, buscan agradar a ese hombre  adormeciéndolo  al  igual  que le ocurriera a  Sansón,  para  ofrecerle un simple  bienestar tan  pasajero  como  terrenal,  pero que no toma en cuenta  el terrible final que le espera ...

Si tan solo leyéramos bien  la  Palabra  del  Señor, ¡cuánta sanidad espiritual habría  en la Iglesia...!  

Si tan solo leyéramos bien  la  Palabra  del  Señor, ¡cuánta  integridad  y  verdad  habría  en la  Iglesia...!  

Si tan solo leyéramos bien la Palabra del Señor, ¡cuánta salvación en lugar de falsas  caricias  encontrarían  los  pecadores  en  las  Iglesias...!  

“Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las escrituras tengamos esperanza”. (Romanos 15: 4)      

Como muchos saben, paciencia es en griego “hupomone” y significa “permanecer debajo”; mientras que consolación es “paraklesis”, palabra con un significado  sorprendente: “llamar al lado”. De esta manera podríamos entender que  el texto citado de la Carta a los Romanos puede leerse así: “Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por “permanecer debajo” y “llamar al  lado” a las Escrituras tengamos esperanza”.

Estos son pues, los días en que debemos mirar el pasado para recibir revelación sobre el futuro. Definitivamente coincidimos con quienes dicen que todo pueblo que olvida su historia (su pasado) está condenado a reiterar sus errores. La  Iglesia  tiene su  historia  a  partir de Pentecostés y su base en la doctrina apostólica del Nuevo Testamento, pero su enseñanza viene desde los días en que el Pueblo de Israel solo era una promesa aún no pronunciada. Allí  está, junto al  Pueblo de Israel  y sus mayores nuestro pasado y es  a  él a quien el Apóstol Pablo se refiere cuando escribe  las  palabras  que citamos. En ese antiquísimo pasado correspondiente al primer pacto es donde se encuentra la explicación a muchos de los problemas de la Iglesia de nuestros días y la respuesta acertada para ellos. Solo hay que buscar con la guía del Espíritu Santo entre las cosas que se escribieron antes  para  no  errar  hoy...  

LOS  DÍAS  ACTUALES  SON  COMO  LOS  ANTIGUOS  DE  JEREMÍAS.

Nos deja casi sin palabras leer los capítulos cinco, seis y siete del Libro de Jeremías porque vemos como el Profeta protesta, señala, grita, llora, proclama y levanta la Verdad delante del pueblo, de los falsos profetas, de los sacerdotes y del rey pero nadie lo escucha... Entonces, solo entonces dice lo que no quisiera haber dicho y hace oír las palabras que no quisiera jamás haber pronunciado. Debe hacerlo porque el Señor se lo demanda de manera imperativa y ante ello no hay opción, por eso exclama: “Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra; los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso... Huid, hijos de Benjamín, de en medio de Jerusalén…”  (5: 30 - 6: 1).

¿Cuál fue el pecado de los profetas?      

Olvidando que el profeta es la conciencia del pueblo y rebelándose contra el Señor se negaron  a  profetizar la verdad  del  inminente  juicio  que  se acercaba por  causa  de los pecados y cuando el Profeta Jeremías por palabra de Dios lo hizo, anunciando la destrucción respondieron “El no es, y no vendrá mal sobre nosotros, ni veremos espada ni hambre ...” (5: 12).

Como en los tiempos pasados, lo mismo hacen y dicen los falsos profetas de hoy: Hablan a una Iglesia a la que engañan diciendo “No veremos males sino que una gran bendición y un gran avivamiento se acercan en toda Latinoamérica y especialmente en Argentina; la pobreza económica se transformará en riqueza y la tierra sanará de su maldición porque le quitaremos al diablo lo que él tomó”. Así alejan a muchos cristianos de la humilde dependencia del Dios verdadero quien nos dice que al ser peregrinos y extranjeros sobre la tierra debemos alegrarnos con tener lo suficiente para vivir y entender que si persiguieron y rechazaron al Señor (el árbol verde), así le ocurrirá a los verdaderos cristianos, tal como creyera, enseñara y experimentara el Apóstol Pablo cuando dijo que  “esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente  y eterno peso de gloria”. Estos posmodernos profetas de la avaricia se han olvidado, parece, que hubo un 11 de Setiembre con un enorme impacto mundial y que hoy la globalizada sociedad navega por la más importante crisis económica que se haya conocido desde los albores del siglo XX. Me pregunto por qué no supieron que se avecinaban estos hechos y que vendrán otros peores. ¿Será que no leyeron lo que el Señor Jesús dijo en Mateo 24 o que no lo creen? Este capítulo como muchos otros que poco se predican también es evangelio.

¿Cómo dirigían al pueblo los sacerdotes?   

Lo  hacían muy superficialmente, curaban livianamente los pecados y la idolatría y así, en lugar de disminuir los fomentaban. Lucían una actitud triunfalista mientras la desgracia estaba a las puertas diciendo “Paz, paz...” según lo que los falsos profetas proclamaban, mientras el Señor, por medio de un verdadero  Profeta  decía “No hay paz” (6: 14).  

Los Sacerdotes eran al Pueblo de Judá lo que los Pastores somos a la Iglesia hoy. Como dijimos, en demasiados lugares se anuncia “una lluvia de prosperidad económica que traerá una gran bendición sobre Latinoamérica toda” pero se olvidan que donde faltan valores morales y espirituales la riqueza produce vicios en lugar de dignidad y obediencia; trae males y no bendiciones...  Muchos Pastores, como los sacerdotes del pasado, curan livianamente la herida de ceguera y pecado en la Iglesia y aunque proclamen “Paz, paz...”, ciertamente no habrá paz. Son hombres que aprovechando sus grandes tribunas y medios de comunicación, prometen mucho a la gente, le dan poco y le exigen todo...   

Finalmente: ¿Qué pensaba el pueblo?       

El pueblo no se diferenciaba de sus dirigentes, ellos deseaban oír cosas agradables y eso era  lo que “los profetas profesionales profetizaban” y “los sacerdotes triunfalistas enseñaban”.  De esta forma, el pueblo de Dios mantenía una vida mediocre en lo espiritual y en las falsas enseñanzas encontraba un  alivio  terrenal que los  satisfacía... Por  eso  podemos  advertir  el  dolor de  Dios  al  decir: “Sus hijos me dejaron, y juraron por lo que no es Dios. Los sacié y adulteraron... Como caballos bien alimentados cada  cual  relinchaba  tras  la  mujer de su prójimo” (5: 7 y 8).  Con estas palabras el Señor indica cuál es el último de los escalones de la degradación moral del hombre de su pueblo, degradación que había empezado por parte de los dirigentes espirituales con “simples y casi inocentes distorsiones a la Palabra de Dios para hacerla mas atractiva a la sociedad de su época”. Como entonces, hoy también a la Palabra de Dios se le agregan atractivos “aderezos humanistas” que en muchos casos llegan a ser mas importantes que la doctrina  misma  porque  enfatiza  lo  que  la  gente  desea:  prosperidad  económica,  ausencia  de  problemas,  logros  en  la vida,  aspiraciones  estas  que  todo  ser  humano tiene sin necesidad que Cristo entre a su vida. Pero si lo que enseñan los modernos predicadores de “aderezos humanistas”  fuese  verdad: 

  • ¿Qué  sucedió  a  los  héroes  de  la  fe  enumerados  en  Hebreos  capítulo 11?     
  • ¿Cómo hicieron  para  vivir  sin  tales  “aderezos” y alcanzar  el  reconocimiento  del  Señor?    
  • ¿Fueron triunfadores a la luz de estas nuevas teorías evangélicas o perdedores?

EL  ÚLTIMO  INTENTO  DEL  SEÑOR.   

“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál será el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos. Puse también sobre vosotros atalayas, que dijesen: Escuchad al sonido de la trompeta. Y dijeron ellos: No escucharemos. Por tanto, oíd, naciones, y entended, oh congregación, lo que sucederá. Oye, tierra: He aquí yo traigo mal sobre este pueblo...”    (Jeremías 6: 16 – 19)

Tal como ocurrió al Pueblo entonces sucederá a la Iglesia contemporánea... Vienen males sobre una gran parte de la Iglesia Evangélica Latinoamericana  porque a causa de sus dirigentes se desvió del Camino Angosto y a medida que pasa el tiempo se aleja más de la Verdad. Tenemos congregaciones tan ignorantes de la Palabra del Señor que han llegado al punto de ser ciegas y por ello prefieren “las falsas verdades enseñadas por sus ministros fraudulentos” a la Verdad que nos hace libres... ¡No viene bendición sobre la Iglesia sino disciplina...! El amor al mundo se ha infiltrado por intermedio de ciegos ministros del error que lo fundamentan distorsionando la Verdad. Por ello vemos  diariamente que a simples elementos utilizados por el Señor como figuras o símbolos de verdades espirituales se les asigna poder para lograr resultados mientras se realizan multitudinarios encuentros y se le miente a sus asistentes haciéndoles creer que Dios está “en esos grandes cultos”, olvidando que el Señor no se complace tanto en los holocaustos y sacrificios como en que se obedezca su Palabra, “Porque como pecado de adivinación es la rebelión y como ídolos e idolatría la obstinación”. Y por cuanto la Palabra de Dios es desechada, Dios desechará a quienes lo hacen... (1ra. Samuel 15: 22 – 23).

Se anuncian días de fiesta, vienen días de dolor...

Proclaman la llegada de victorias, estamos próximos a vergonzosas derrotas...

Predicen la llegada de riquezas pero nos encontramos a las puertas de la más grande de las pobrezas porque hemos cambiado la Verdad de Dios por falsas enseñanzas y  mezquinas pretensiones de hombres que dicen “Dios ha dicho” y en realidad Dios no habló...

Pero aún estamos a tiempo. Solo hay que volver a las sendas antiguas...

Dios hace un llamado a los profetas del optimismo fraudulento para que aprendan de “las cosas que se escribieron antes” y traigan luz en lugar de los dulces sonidos de las tinieblas que proclaman.

A los pastores y predicadores triunfalistas el Señor hace el mismo llamado: deben volverse de inmediato a las sendas antiguas y guiar a la Iglesia para que corrija sus pasos, enseñándole “las cosas que se escribieron antes” porque allí sobran los ejemplos de las diferentes consecuencias que traen al pueblo de Dios sus pasos, sean de santidad y obediencia o de rebelión y pecado.

Finalmente el toque de trompeta es para la Iglesia toda: Es hora de buscar al Señor de las antiguas sendas como nunca; tanto en la Palabra escrita del pasado como en la doctrina dejada por el Señor y los Apóstoles pues será la única forma de evitar que Dios nos incluya cuando sacuda vigorosamente su mano de juicio para limpiarla.

En nuestras decisiones está la bendición o la maldición. 

El que tenga oídos para oír, oiga...

 

 

 

 

 

 

Pentecostés

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